El psicólogo Alberto Iturra Benavides vive desde hace 11 años en Caldera, el pueblo más próximo a la mina San José, a sólo 35 kilómetros del yacimiento. Fue reclamado por el Gobierno para atender a las familias desde el ocho de agosto, apenas tres días después del derrumbe. Todas las tardes a las tres, nueve de la noche en la España peninsular, charla con ellos por espacio de una hora. Tiene 60 años y es de natural alegre, no disimula el buen ánimo cuando se dirige a
cualquiera de los 33 hombres que
llevan cerca de un mes sepultados a 700 metros bajo tierra. Sin embargo, con ellos procura medir mucho sus palabras. "Si me preguntan que cómo estoy, siempre les digo que estupendamente. Si insisten en saber por qué, les respondo que es porque ya falta un día menos para el abrazo. De modo que nunca les doy fecha concreta, pero ellos se mentalizan de que esto va para largo".